Sospecho que volveré, tal vez cuando el sin sabor deje de saber.
*/*/*De la misma forma como si hubiera extravíado algo, así los ojos desolados y hambrientos recorren cada espacio, los rincones polvorientos con el temor de encontrarse nuevamente en la oscuridad y en la vaciedad de la vida que sonríe perfecta. No se desgarra la piel ni se llora , sin embargo se sigue ocultando, se acurruca tras las pupilas el deseo, ese deseo que se fuga de vez en cuando, que te toca y que emana mi aire, mi estar. Hablo conmigo, con esa extraña que soy; tú, cuando termines con ese monólogo habla conmigo. ¿Quién dijo que no había que hablar con extraños? |
*/*/ Igual que peligra la flama de una vela bajo un cielo lluvioso, del mismo modo he expuesto un mundo recién nacido. Cometí un asesinato, creyendo suicidarme y bajo el engaño de arriesgar esta nueva existencia he descubierto el gusto por tu muerte; me he encontrado libre y sin voces tras de mi ¿podría vivir así? ¡Claro que puedo! Me entregué al abismo, regresé y quiero más de eso.
Hay algo polvo en mi ropa, en mi cuerpo y siempre ha estado ahí sólo que hoy he dejado de negarlo, como también la tristeza que nace y muere constantemente, así, del mismo modo que he dejado de negar la tristeza, esa que no se agota en la lágrima y que desespera por abandonar el suspiro para estrellarse en el grito.
No puedo liberarme en el mundo de culpas porque nunca hubo uno y, si en un instante del que nunca me percaté, apareció chillando futuro, debo decir que no se puede extrañar lo que no se ha tenido, he ahí la respuesta.
